jueves, 26 de marzo de 2009

" a un contre cent..."

Cristino García Granda, hijo de José y Josefa, natural de Sama de Langreo, ( Asturias) . No sé si su nombre os suena de algo. Sospecho que a algunos de los parroquianos habituales ( Don Antonio, Don Rafa, El Navegante y algún otro de su quinta y de su cuerda…) el nombre no les será desconocido. Yo os confieso que le conozco desde hace dos semanas, y, sin ser aventurado, creo que está en el más absoluto olvido para la mayoría de los españoles.
Sin embargo si uno teclea en Google-plano de París-búsqueda las palabras CRISTINO GARCÍA se encontrará con esto…
..y también con esto…


Aunque no aparezca en el callejero del Google, en 1999 la enseñanza francesa también quiso honrarle poniendo su nombre a una Escuela de Primaria perteneciente al Grupo Escolar Romain Rolland. Esta escuela tiene 12 aulas de las cuales una es no francófona.
Esta larga serie de honores comenzó en el año 1946, el de su muerte, cuando el 25 de octubre, la IX Región militar francesa, expedía la Orden general número 25 que dice:

"...Estado mayor. El general de la División Olleris, comandante de la IX Región Militar cita a título póstumo:
A la Orden de Ejército.
Cristino García, teniente coronel.
Resistente desde la primera hora, dotado de un alto espíritu de organización y de combate. Ha tenido bajo su mando las brigadas españolas de los departamentos de Lozère, Ardèche y Gard. Por sus repetidos ataques en la zona minera ha impedido el trabajo durante varios meses. Organizador del asalto a la cárcel de Nîmes que liberó los presos políticos. Bajo sus órdenes se ha librado combate al enemigo en La Madeleine (Gard) y en Pescrimet, haciendo en conjunto, a pesar de la desproporción de fuerzas y de material, 1300 prisioneros a los alemanes y 600 muertos en el curso de los encuentros ordenados y dirigidos por este jefe de élite.
Esta citación lleva el distintivo de la atribución de la Cruz de Guerra con estrella de plata dorada.
Marsella, 25 de octubre de 1946...."




Sin embargo, ese mismo año de 1946, merced a una carta dictada a un compañero de celda, (un escrito que pudo pasar clandestinamente a un compañero del PCE), tenemos noticia de los “honores” que el Estado español de entonces tuvo a bien dar a Cristino.

“…¿Qué queréis que os diga del mal trato en Gobernación? Desde que caí me lo esperaba todo y estaba dispuesto a aguantar todo lo que viniera. Sólo hubo un día de buen trato: el que caí. Desde cigarrillos rubios hasta palabras dulces, ofrecimientos de facilitarme la fuga, propuesta de que me pusiera a su servicio. Mi respuesta ya os podéis suponer cuál fue. A partir de aquí empezaron las “sesiones”. Al tercer día me sangraban los oídos y tenía los testículos como puños. Los vergajazos ya no quedaba una pulgada del cuerpo adonde no hubieran llegado. Después de cada “sesión”, me bajaban arrastrando cuatro esbirros. Cuando me desmayaba me echaban un cubo de agua, y otra vez a zumbar. Así estuvieron doce días, sin parar. Me dejaron reponer otros tres, y a empezar de nuevo una semana seguida.
Me he convencido que tengo la piel muy dura y que quien se lo propone, quien en estos momentos piensa en lo que es, y más si es comunista, no habla aunque le hagan picadillo. Creo que no hice más que comportarme como debía. No os digo esto para vanagloriarme. Lo hago sólo porque sé el fin que me espera, y quiero que esta carta, si por desgracia es la última, sirva no sólo
como esclarecimiento de lo ocurrido, sino también para que pongáis al desnudo ante el mundo los métodos de estas bestias y cual ha de ser siempre el comportamiento de los antifascistas cuando tienen la desgracia de caer.Como os digo, mi situación y la de los demás camaradas es de pocas esperanzas. Quieren envolvernos en un proceso común, y nos hemos negado a aceptarlo. Yo comprendo que matarnos por actividades políticas resultaría difícil ante la situación internacional, y por eso nos achacan atracos y otras cosas. Me olvidaba deciros que a los tres primeros “interrogativos” asistió un “boche”, que me dijo que tenía buenos “recuerdos” míos y de Medina en Francia. El tercer día se despidió de mí cuando sangraba por todas partes, echándome una bocanada de humo en los ojos y diciéndome: “Ya era hora de que te cazáramos”….”



La vida de Cristino es una vida de guión de película. Si en vez de español hubiese sido norteamericano, tened por seguro que desde hace décadas, se hubiesen hecho versiones cinematográficas de su biografía con los correspondientes remakes. La lista de sus acciones de comando, todas con el denominador común de ser rápidas, sorprendentes y efectuadas por pocos hombres contra un enemigo muy superior en número y materiales, es interminable.
La investigación para este post y el anterior me condujo, indirectamente, a saltos, a un libro muy ameno, del escritor y filólogo hispanista Antonio Vilanova, que aún estoy desmenuzando se trata de Los Olvidados




Y de el os transcribo este emocionante relato, de lo que a cientos de kilometros de París, ocurría el día 25 de agosto de 1944, dos días después de la liberación, mientras de Gaulle y sus hombres celebraban el desfile de la victoria...., unos cuantos de sus compañeros de la resistencia, se dispusieron a apresar a una de las varias columnas alemanas que se dirigían desde el sur hacia el Norte, a neutralizar a los recién edsembarcados en Normandía dos meses antes. Es una historia oída por el autor de labios de varios guerrilleros participantes, y que , honestamente, vale la pena.
“…La empresa mayor que acometió Cristino García y que ha llegado a ser legendaria en los anales de las acciones de las FFI fue la batalla de La Madeleine, el 25 de agosto de 1944. (...) En aquellos días de mediados de 1944, la consigna era no dejar circular a los alemanes. Había que aislarlos, cercarlos y combatirlos hasta donde los medios de ataque lo permitieran; pero sobre todo impedirles sus movimientos a fin de evitar que las fuerzas nazis acudieran al norte a reforzar las defensas alemanas de Normandía donde desde el 6 de junio se libraban las primeras y decisivas batallas de la invasión. Además, desde agosto, el primer ejército francés desembarcado en Provenza, progresaba hacia Lyon y los Vosgos. Cristino García decidió dominar la red de comunicaciones del departamento de Gard a fin de taponar esa posible vía de traslado de las fuerzas alemanas y el 22 de agosto de 1944, con otros 31 españoles, formó un grupo al que se unieron otros 4 franceses. Con estos 35 hombres se dirigió a la encrucijada de La Madeleine en pleno corazón de las Cevennes.





El plan era suprimir la amenaza que para las comunicaciones del primer ejército francés representaba una columna alemana estacionada en la zona de Anduze, 17 kilómetros al suroeste de Ales.
La lucha comenzó cuando Cristino y sus hombres tuvieron conocimiento de que una columna del ejército alemán procedente de Toulouse remontaba hacia París. Había pasado por Albi y Béziers y por doquier iba sembrando el terror. Su misión: impedir que llegasen a Ales donde la población amedrentada temía la represión.
Al amanecer del día 25 fueron detenidos en la carretera cinco vehículos que tras corta lucha dejaron varios muertos y algunos prisioneros. A mediodía, Cristino hizo saltar el puente sobre ferrocarril de la línea Lézan-Anduze por donde forzosamente tenían que pasar las fuerzas de la Wehrmacht y situó sus fuerzas emboscadas ambos lados de la carretera antes del puente. El lugar ha sido elegido magistralmente y el plan es sencillo y genial. Al entrar las tropas alemanas en la carretera que caracolea entre el bosque y llegar al puente destruido será imposible para ellas seguir avanzando; pero el retroceso será impedido por los guerrilleros emboscados a ambos lados de la carretera a todo lo largo de la columna enemiga.
El sitio es espléndido, maravilloso, la naturaleza lo ha hecho propicio para la emboscada. Cristino se revela, una vez más, estratega consumado. Su dispositivo de fuego es perfecto, barre todos los ángulos. Cristino en persona pone la primera mina. Cada diez metros hay una; una red de cables las une y éstos están dispuestos en tal forma que al estallar las de la cabeza, unas tras otras lo harán las del centro y la retaguardia. Con este dispositivo todo el convoy será destrozado.
El pueblo cercano de Jornac ha sido previamente ocupado y en las copas de los castaños, dominando el paisaje, los vigías observan el movimiento de la columna.
A las dos de la tarde se señalan movimientos de tropas nazis; los guerrilleros emboscados, silenciosos, dejan pasar la caravana de camiones; se trata de sesenta camiones, tres cañones y cinco blindados ligeros: las fuerzas se calculan entre 1200 a 1500 hombres. La columna que viene de Saint-Hyppolite se dirige hacia Anduze o Nîmes.
Los guerrilleros son ¡36! 36 hombres con armamento ligero contra 1500 hombres provistos de cañones y blindados.
De repente, el avance de las tropas alemanas se detiene brutalmente. El puente del ferrocarril por donde tienen que pasar está destruido. A la hora precisa, de vanguardia a retaguardia, las explosiones de las minas se suceden; inmediatamente Cristino da la orden de fuego y las armas de los guerrilleros barren la carretera y los alemanes, sorprendidos, no aciertan a tomar posiciones y a responder a las balas que les caen del monte, sin que sepan de dónde, porque los guerrilleros después de cada ráfaga de metralleta se desplazan continuamente dando al enemigo la sensación de ser un nutrido ejército.




Cuando mayor es el desconcierto de los soldados alemanes, un guerrillero se encarama sobre el terraplén de la vía y a voz en grito les invita a rendirse. «Estáis cercados por fuerzas muy superiores en número a las vuestras, ¡rendíos!».
Su silueta se destaca netamente en plena luz. Ante tanta audacia los alemanes permanecen un instante mudos de estupor. «Hacedle prisionero», grita el oficial alemán.
Un puñado de nazis se dirige hacia el arriesgado español disponiéndose a cogerle, muerto o vivo; las balas silbaban en torno suyo, pero éste no pensó siquiera en hurtarles el cuerpo. Aprovechándose de su situación elevada, coge entre sus manos firmes la metralleta y dispara con furia, haciendo una verdadera carnicería entre los que se adelantaban para capturarle.
La batalla continúa. Son las siete de la tarde. El desconcierto de los alemanes es total. La caravana cogida en la trampa es incapaz de maniobrar y el suelo está sembrado de muertos y heridos con uniforme verdegrís. Los jefes alemanes se deciden por fin a parlamentar.
Cristino ordena alto el fuego y se recibe a varios oficiales alemanes como parlamentarios, quienes al conocer la clase de fuerzas a las que se han estado enfrentando se encolerizan y dicen con altivez «Nos negamos a rendirnos a "terroristas"; solamente nos rendiremos ante oficiales del ejército regular». Finalmente se llega a un acuerdo. Se decreta por ambas partes una tregua de dos horas y dos oficiales alemanes son conducidos hasta Anduze para negociar con los jefes españoles en presencia del jefe de la gendarmería del lugar, única fuerza regular existente en los alrededores. Los alemanes se comprometen durante ese tiempo a no entablar ninguna acción contra los guerrilleros.




En Anduze la discusión se agria. La posición de los guerrilleros españoles es neta: los alemanes deben rendirse sin condiciones. El jefe de la gendarmería aprueba la proposición pero los alemanes se resisten a aceptar tan estrepitosa derrota. Antes de terminar las discusiones y faltando a su palabra las fuerzas de la Wehrmacht rompen la tregua abriendo fuego con sus armas automáticas, morteros y antitanques.
Mientras tanto el mando general del departamento había sido prevenido y envió 70 combatientes franceses de las FTPF como refuerzos. Además, dos avionetas al servicio de la Resistencia bombardearon con proyectiles ligeros los camiones, incendiaron varios y consiguieron poner una "oruga" fuera de servicio.
A las siete y media los alemanes intentaron salir del cerco guerrillero, pero vieron rechazados todos sus ataques para salir de aquella trampa en que estaban metidos. A las ocho menos diez, las fuerzas de la Wehrmacht enarbolan la bandera blanca. Suprema mezquindad: aprovechando la suspensión del fuego intentaron traicioneramente otro ataque. Esta actitud colmó la indignación de los guerrilleros e inmediatamente respondieron al fuego sembrando la desmoralización total de las fuerzas alemanas.
A las ocho de la noche algunos nazis solamente continúan la batalla; la mayor parte levantan trapos blancos, pañuelos, banderas de rendición. La orgullosa Wehrmacht se rinde. A las ocho y diez minutos la batalla ha terminado.
El balance es extraordinario y dramático. Los alemanes han tenido más de cien muertos, innumerables heridos y se les hace mil cien prisioneros. Y su jefe el teniente general Konrad Nietzsche, que mandaba la columna, se suicida desesperado por no soportar la idea de ver capitular a 1500 soldados alemanes ante un puñado minúsculo de guerrilleros.
El combate es un florón de gloria para Cristino García y sus hombres pero, desgraciadamente, ellos también pagan un precio por su valentía y su arrojo. Cuando se visita el cementerio de La Madeleine, en Albi, se ven en un rincón 34 tumbas uniformes donde reposan guerrilleros caídos en la célebre batalla. Y junto a las lápidas con nombres franceses hay otras muchas con castizos nombres españoles: Agustín García, sargento José Fernández, sargento Francisco Perera, sargento Ramón Porta, Martínez y tantos otros.
Y en el pueblo de La Madeleine, en septiembre de 1946, se pusieron dos placas de mármol. En una dice «Honneur à Cristino García, chef de maquis». Y en la otra: «Batalla de La Madeleine. 25 de agosto de 1944. Aquí los FFI del Gard, uno contra ciento, hicieron capitular a una fuerte columna alemana».

Tras su vuelta a España, fue capturado por la policía franquista . Cristino García Granda fue condenado a muerte en Madrid el 9 de febrero de 1946. Fue fusilado el 21 de febrero de 1946 en las tapias del cementerio municipal de Carabanchel bajo, donde fue enterrado. Francia cerró durante un tiempo la frontera en señal de protesta. Hay quien dice, ( y yo no le contradiré, pues no estaba) que en la vista oral de su juicio sumarísimo en Madrid, interrumpió a su abogado, que intentaba un alegato de exculpación diciendo que no pertenecía al partido comunista, y que había venido engañado, y levantándose de la silla dijo algo como:

“ es falso lo que dice el abogado, que nosotros somos gente engañada. Somos patriotas antifranquistas convencidos, que no hemos abandonado la lucha contra los verdugos que oprimen a nuestro pueblo. He sido herido cinco veces en la lucha contra los nazis y sus lacayos falangistas. Sé bien lo que me espera, pero declaro con orgullo que cien vidas que tuviera las pondría al servicio de la causa de mi pueblo y de mi patria”.

Que mal cliente…, pero que gran tipo.


Salud, Paz y Amor a todos.







6 comentarios:

Naveganterojo dijo...

Se te ha olvidado contar otra de las famosas batallas de este excepcional hombre republicano:(que por cierto pertenecia a la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE) integrada dentro de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI). El 13 de julio de 1944, una caravana de tropas alemanas integrada por medio centenar de camiones que marchaba entre Priveas y Aulenas fue emboscada por un grupo de 19 guerrilleros españoles al mando de Cristino en las cercanías del Col-de-Eterine. La carretera había sido minada en tres puntos que, al explotar simultáneamente, inmovilizaron la vanguardia, centro y retaguardia de la columna alemana. Tras descargar sus armas sobre los restos de la caravana, todo el grupo guerrillero se retiró sin ni una sola baja, habiendo infligido por el contrario no menos de 70 muertos.
Un abrazo y de nuevo muchas gracias por tus entradas sobre nuestra republica y sus gentes

Naveganterojo dijo...

PD:pOR cierto, Los restos de Cristino García Granda descansan en un columbario del cementerio madrileño de Carabanchel Sur, redescubiertos hace unos años según informó el diario El País en su edición del 14 de septiembre de 2002 .

RGAlmazán dijo...

Un héroe ejemplar. Sí que había leído algo de él. Sobre todo de su final desgraciado, que levantó una polvoreda internacional. Aunque Franco y sus secuaces hicieron lo que sabían: asesinar.

Salud y República

Cecilia Alameda Sol dijo...

Otro hombre fusilado en las tapias del cementario... Se me ponen los pelos de punta. No conocía a este hombre. Es buena tarea las que estais haciendo algunos blogueros sacando del olvido a personas que lucharon por sus ideales, por el régimen democrático que tanto bien le habría hecho a España si hubiera permanecido.

dudo dijo...

(Incurta, soy una incurta...) Decirte que sí, que me sonaba el nombre -lo habré estudiado alguna vez y pum, lo olvidé, como tantas cosas importantes-.
Un héroe que murió dignamente por aquello en que creía. Cargado de razón y de verdad. Por él y tantos otros como él hay que recuperar la memoria de los "vencidos"... aunque ése no sea un calificativo que case con gente como él. Porque en su derrota hay una gran victoria: la de la razón.
Un abrazo, Fritus.

Merche Pallarés dijo...

Hijo, me he leido todo con la boca abierta y llena de expectación... ¡Qué HOMBRE! No sabía nada de él, gracias por hacer que lo conozca. Besotes, M.