
Ojo, mis niños. Ha vuelto el Dani Fritus rollero y de mente desordenada. El que avisa no es traidor. Lo que es el desorden mental, ay mamá…Hoy me había propuesto a mí mismo publicar una entrada, y entrada voy a publicar, sí señor. En principio, quería dedicar una entrada al gran Rudyard Kipling…( me diréis que era un colonialista, y hasta si me apuras un facha y un racista,… craso error….una lectura profunda de Kipling nos mostrará a un hombre profundamente enamorado de la India que le vió nacer, y quizás por ello tan opuesto a la idea de separarse de ella).
Kipling está ligado a mi vida por una razón…en quinto de EGB (10 años) nos “obligaron”, en mi colegio, por primera vez, oficialmente…a leer algo que no fuese un cómic. A leer un libro. Mi padre me recomendó “el libro de las tierras vírgenes”…el hombre no se lo había leído – (pertenecía al inmenso lote de libros que había en casa porque teníamos un primo impresor-encuadernador, Juanito, que en paz descanse, que nos hacía cada navidad un estupendo y pesado regalo en cajas llenas de de libros que por error tenían la cubierta al revés y eran invendibles)- … lo que contaba, que no se lo había leído pero, supongo que influído por el hecho de existir la peli de Disney creyó que era adecuado para mi edad. Para nada, …entendí la mitad, pero como que me gustó mas que las cosas de Enid Blyton y lo que había leído hasta entonces…Vamos, que Kipling entró en mi vida muy pronto y arreando.
He estado dudando entre postear directamente un fragmento de alguno de sus libros, y para ello he estado ojeando los de casa, que rondan la veintena, de hecho creo que todo lo que de él está publicado en castellano y algo en catalán. Me he vuelto loco buscando una edición de bolsillo en catalán, de editorial columna creo que era, de “Baa, Baa black sheep”, libro que relata su traumática infancia separado de la India que adoraba y sus primeros años en Inglaterra, agobiado por una opresiva educación castrante que le marcó de por vida…no lo he encontrado…mierda.
Pero en la búsqueda, como no podía ser menos, ha aparecido un libro maravilloso… Kim.
Kim es el diminutivo de Kimball O´Hara, el hijo de una madre india que murió durante el parto y de un padre irlandés caído al servicio de Su Graciosa Majestad. Crecido en las calles de Lahore con una piel tan oscura que pocos podrían considerarlo blanco, el joven Kim se convierte en el acompañante (“chela”) de un monje tibetano que busca un río sagrado, el santo río de la Flecha.
En el curso de ese viaje, Kim recorre la India y participa como espía en el famoso «Gran juego» que enfrentó a Rusia y Gran Bretaña por el dominio del Extremo Oriente. Pero, sobre todo, Kim es el relato de un viaje que en buena medida resulta iniciático y que implica una separación notable de la propia ideología de Kipling.
Dentro de la gran riqueza narrativa de la obra llama la atención poderosamente la particular relación que establecen el niño y el lama, ambos protagonistas de la novela. Una relación con los papeles invertidos, en la que el niño ejerce de protector de quien debiera ser maestro.
Lo cierto es que Kipling, que pasó una feliz infancia en Bombay, está en su salsa describiendo el abigarrado mundo en el que se desenvuelve Kim, Lahore. Su simpatía le vale el apodo de “pequeño amigo de todo el mundo” y es mundialmente conocido por el éxito inaudito que ha logrado en “su tarea de no hacer nada”. En esta obra, Kipling se despoja, si es que alguna vez realmente lo tuvo, de su tradicional sentido de superioridad de hombre blanco británico.
Os posteo el mágnetico inicio del libro, por si picáis….
“…Oh vosotros, los que seguís la Senda Estrecha,
guiados por el resplandor de Tophet al juicio Final,
sed condescendientes cuando los gentiles
rezan a Buda en Kamakura!
A pesar de las órdenes municipales, Kim estaba sentado a horcajadas 1 sobre Zam-Zammah, el viejo cañón que se alza sobre una plataforma de ladrillo enfrente de la Ajaib-Gher (la Casa Maravillosa, como llaman los indígenas al Museo de Lahore) (1). Quien posea a Zam-Zammah, ese «dragón que vomita fuego», posee todo el Panjab (2), porque el gran cañón de bronce verdoso es siempre lo primero que figura en el botín del conquistador.
A Kim no le faltaba algo de razón -acababa de desalojar de allí a puntapiés al chiquillo de Lala Dinanath- porque era inglés, y los ingleses son dueños del Panjab. Aunque su color era tan oscuro como el de cualquier indígena, aunque hablaba generalmente el idioma del país, y el inglés con leve sonsonete recortado, y aunque se asociaba con los pilletes del bazar en términos de la más perfecta igualdad, Kim era un niño blanco, si bien de la clase más miserable. La mestiza que lo cuidaba (fumaba opio y tenía una tienda de muebles usados en la plaza donde tienen su parada los coches de alquiler más baratos) les dijo a los misioneros que era hermana de la madre de Kim; ésta había sido niñera de la familia de un coronel y se casó con Kimball O’Hara, joven sargento del regimiento irlandés de los Mavericks (3), que fue después empleado en los ferrocarriles de Sind, Panjab y Delhi Y su regimiento regresó a Inglaterra sin él. La madre de Kim murió de cólera en Ferozepore (4), y O’Hara se volvió un borracho holgazán, que recorría la línea con aquel niño, de ojos penetrantes, entonces de unos tres años de edad. Asociaciones benéficas y capellanes desearon hacerse cargo del niño, pero O’Hara los despachó a todos, hasta que tropezó con la mujer que fumaba opio (6), aprendió ese vicio y murió como los blancos pobres mueren en la India.
Al morir, toda su fortuna se reducía a tres papeles: uno, al cual llamaba ne varietut 2, porque tenía estas palabras escritas encima de su firma; otro era el «certificado de liberación», y el tercero la partida de nacimiento de Kim. En sus gloriosas horas de opio acostumbraba a decir que esos papeles harían un hombre del pequeño Kimball. En modo alguno debía Kim desprenderse de ellos, pues los consideraba mágicos -de esa magia que practican los hombres en la gran Jadoo-Gher, blanca y azul, que se alza detrás del museo; la Casa Mágica, como llamamos nosotros a la Logia Masónica (7). Su padre aseguraba que llegaría un día en que, arreglándose todo, el cuerno de Kim sería elevado entre pilares -enormes pilares (8)- de fuerza y belleza. El coronel mismo, cabalgando al frente del regimiento más hermoso del mundo, esperaría a Kim -al pequeño Kim, que tendría más suerte que su padre-. Novecientos demonios de primera clase que adoraban a un Toro Rojo sobre un campo verde, acogerían a Kim, si no se habían olvidado de O’Hara -del pobre O’Hara, que fue jefe de pelotón en la línea de Ferozepore-. Y se echaba a llorar amargamente, sentado en una silla rota de anea que había en el porche.
Después de su muerte, la mujer cosió los tres papeles dentro de una bolsa de cuero de las que se emplean para guardar amuletos, y con una cinta la colgó del cuello de Kim.
Y algún día -le dijo, recordando confusamente las profecías de O’Hara-, te esperará un Toro Rojo en un campo verde, y el coronel montado en un magnífico caballo, sí, y -añadió pasando a hablar inglés- novecientos demonios …”

Bueno, y ahora vuelvo a ser yo, y como buen pirata de la isla que soy os llamo la atención sobre el hecho de que creo que fue el año pasado, se cumplió el setenta aniversario de la muerte del maestro Kipling, con lo cual ya no hay derechos de autor sobre su obra en algunos países de habla hispana y se pueden descargar de la red un montón de sus libros, gratuitamente. Sólo hay que pulsar en San Google las cuatro palabras mágicas “Rudyard Kipling descarga gratuita” y empiezan a aparecer páginas como setas. Os adjunto link de una, por ejemplo….( una vez abierta la lista de libros en pdf es en el margen derecho, abajo)
http://www.booksfactory.com/writers/kipling_es.htm
Y bueno, como soy , sin embargo, un torpe para lo de bajarme a la bitácora los videos de youtube ( algún alma buena que me lo explique, po favó, será eternamente recompensado en esta vida y el la otra) os adjunto link de una escena de una magnífica película basada en otra obra de Kipling, “The man who would be king”, en el que nos podemos dar el gustazo ( más las damas) de ver a dos megamonstruos de la pantalla como Sean Connery y Michael Caine en sus años mozos.
http://es.youtube.com/watch?v=G4IYsPT6IFA
Otro día prometo post sobre “el hombre que pudo reinar”, cuento y peli, pero como solía acabar el maestro Kipling sus relatos…”esa ya es otra historia”.
Salud, Paz y Amor, queridos míos.