jueves, 10 de abril de 2008

sirat al bunduqyyiah





“…Tenía yo cuatro o cinco años, tal vez seis, en la época en que mi abuela me pedía que la acompañase al viejo guetto de Venecia. Ibamos a visitar a una de sus amigas, la señora Bora Levi, que vivía en una casa antañona. Se llegaba al cuarto de esta señora por una escalera exterior de madera, llamada también la “escalera loca”, la “escalera de las ratas de alcantarilla”, o también “la escalera turca”. La buena mujer me daba una peladilla, una taza de chocolate espeso y ardiente y dos bizcochos sin sal que no me gustaban nada. Luego mi abuela y ella solían sentarse a jugar a las cartas, sonrientes, murmurando frases para mí incomprensibles. Para entretenerme, sólo me quedaba el recurso de pasar minuciosa revista a cada uno de los cien medallones, colgados de la pared forrada de terciopelo rojo oscuro, que me observaban detrás de su óvalo de cristal. Digo que me observaban, porque aquellos medallones contenían viejos retratos de severos caballeros con uniforme de los Habsburgo, o retratos de rabinos con finas trenzas y sombreros de ala ancha. Todos parecían mirarme con una insistencia cercana a la indiscreción.

Ya un poco violento, iba a la ventana de la cocina y contemplaba desde allí una plazoleta salpicada de hierba y un pozo con brocal cubierto de hiedra. Su nombre: Patio Secreto, llamado Arcano. Para llegar a aquel lugar había que abrir siete puertas, cada una de las cuales tenía grabado el nombre de un shed, demonio de la casta de los Shedim engendrada por Adán cuando este fue separado de Eva después de su acto de “desobediencia”. Cada una de las puertas mostraba al abrirse una palabra mágica: nada menos que el nombre del demonio. Aún recuerdo esos nombres: Sam Ha, Mawet, Ashmodai, Shibbetta, Ruah, kardeyakps, Na ‘Amah.

Un día la señora Bora Levi me tomó de la mano y me llevó al patio secreto, alumbrando nuestro camino con un menorah, el candelabro de siete brazos. Cada vez que ella abría una puerta, apagaba una vela. El patio estaba lleno de esculturas y de graffiti: un rey armado de arco y flechas ensartando a un Dios, un recién nacido, una cazadora también con arco y flechas, una vaca con un solo ojo, una estrella de seis puntas, un círculo trazado en el suelo para hacer bailar en él a una muchacha desnuda, los nombres de los ángeles caídos: Samuel, Satael, Anabiel. La dama judía me hablaba de todas estas cosas y contestaba a mis preguntas. Luego abría una puerta al fondo del patio y me conducía por una callejuela en la que crecía lata la hierba, y que llevaba a un patio maravillosos. Creí volverlo a ver mucho más tarde, lleno de flores en una casa de la Judería de Córdoba…”

“…yo jugaba con niños judíos que lo mismo sabían cantar las cosas de los tiempos antiguos que que escalar las tapias prohibidas….fueron los primeros en hacerme descubrir los Abraxas de Basílides y los símbolos pitagóricos, las serpientes en creciente de luna, y los dibujos de Menandro y de Saturnino. Fue allí donde, por vez primera, oí los nombres de Simón el Mago, Manes, orígenes, Arrio, Valentín, Justino, Justino, Carpócrates, Epifanio, Tertuliano, agustín, Hipatia y tantos otros. Fue en este mundo fascinante dónde se me habló también de la clavícula de Salomón y de la esmeralda de Satán, la cual según la tradición Hermética, se había despedido de la frente del ángel del mal para convertirse en el símbolo de la ciencia maldita entre los hombres…”

Con estos párrafos mágneticos Hugo Pratt da comienzo al prólogo escrito de su magnífico cómic “Fabula en Venecia” ( Sirat al Bunduqyyiah). Nunca he sabido si lo que me gustaban más eran los prólogos escritos de Pratt o la historieta que venía detrás. Tenía yo tan sólo 13 años cuándo mi padre me regaló este libro junto a “Corto Maltés en Siberia” y detrás vinieron todos los demás en cascada.

Los álbumes de Corto Maltés fueron como un hacha que rompió el hielo que cubría mi mente de adolescente, y que bajo el envoltorio facilón de la historieta, me abrieron el cerebro a referencias históricas y literarias desconocidas para mí, envolviendo la acción en parajes exóticos, mágicos ,…. saltando de Kipling, a Verlaine, a Hypatia de Alejandría, o a Omar Jayyam…nombres que nunca había oído antes y que me entraron por los ojos con el suave calzador del cómic.

En concreto, en Fábula en Venecia, la acción se desarrolla…..…..que coño!....leedlo!., (o daos el gustazo de releerlo). Total, bah!…es sólo un cómic.

6 comentarios:

m.eugènia creus-piqué dijo...

No conocía el libro ni su autor,yo paseé en estas edades por Kipling, Jules Verne y me tragué una y otra vez toda la colección de Enid Blyton de Aventura en la isla, aventura en....todas la aventuras que escribió esta escritora con los cinco niños que las disfrutaban .En aquella época devoraba los libros como una desesperada.

Euphorbia dijo...

Reconozco mi total desconocimiento del mundo del cómic. Supongo que cuando tenía la edad adecuada para empezar no fui estimulada en ese sentido.

Las lecturas de mi adolescencia fueron los libros de la biblioteca de mi padre, y con especial fijación por una colección de premios Nobel encuadernados en imitación piel y papel de biblia finito, finito.

Quizá debería empezar a explorar este mundo de las viñetas. Supongo que nunca es tarde.

Selma dijo...

Bon dia Fritus,

Reconozco que de vez en cuando, vuelvo a leer con deleite mis "Astérix", los tengo todos...
Tambien tenía y tengo una debilidad por "Mafalda", y hace poco algunos "Mangas"que voy descubriendo, no tanto por la historia que puedan contar pero sobre todo por algunos maestros en este nuevo concepto del cómic, los hay realmente muy buenos..

Petonets Fritus!

brujaroja dijo...

Es una pena, porque en la época en que yo era cría, estaban bastante delimitados los campos, o a lo mejor eso sucedía únicamente en el ambiente en el que yo me movía, no sé. El caso es que eso eran "tebeos" de chicos... Eso sí: los tebeos de Azucena (aquellos apaisados con historias de hadas) y los Lilys... Vamos, por toneladas... Así que estamos a tiempo de descubrir a Corto Maltés, que, oye, tenía su punto...

fritus dijo...

En primer lugar, agradeceros , una vez más, vuestra visita al mundo frito, y luego, adjuntar dos links al efecto...que a uno se le quedan las palabras cortas para recrear aquello que le causó tantas sensaciones.

uno del diario el país

http://www.elpais.com/articulo/viajes/rincones/venecianos/Corto/Maltes/elpviavia/20060909elpviavje_4/Tes/

otro, de la web no oficial de Corto:
http://dreamers.com/corto/images/1920.html

Un abrazo

fritus dijo...

Perdón: El del país es éste

http://www.elpais.com/articulo/viaj
es/rincones/venecianos/Corto/Maltes
/elpviavia/20060909elpviavje_4/Tes/

Salud, Paz y Amor