miércoles, 23 de abril de 2008

si lees, quedas maldito para siempre...


Dani/Fritus el gandul ataca de nuevo. Posteo una entrevista que hizo el periodista Víctor Amela al escritor catalán Emili Teixidor y que apareció en “la vanguardia” en enero de este año ( en la “contra”, para ser exactos). Me viene al pelo hoy, onomástica de Giorgios de Capadocia, patrón de la Corona de Aragón, de Portugal, de Rusia y de Inglaterra cuando era católica..y DIA DEL LIBRO. Por favor, si me lee alguien de Barcelona, que se dé hoy un paseíto por Paseo de Gracia-Pza. Catalunya-Les rambles a mi salud, y a la suya…

ENTREVISTA

-Para qué leer?
Para vivir más.

-Poderosa razón.
Y porque las palabras te ayudarán a explicarte el mundo, a explicarte a ti mismo.

-Leyendo ¿te lees?
Cuando tienes la cabeza desordenada acudes al médico de las palabras, el psicólogo, ¿no? ¡Porque las palabras ordenan el caos! Ya dijo Joseph Brodsky que invertir en bibliotecas era ahorrar en sanidad.

-¿Qué hacer para que los niños lean?
Nos da tanta pereza ocuparnos de nosotros, que preferimos ocuparnos de los otros...

-Ya: ¿padres lectores dan hijos lectores?
Tampoco, claro... Puede ayudar, pero no garantiza nada. ¡Quizá unos padres que impidiesen leer espolearían más la lectura!

-Hombre...
Carme Riera explica que su padre tenía siempre bajo llave la biblioteca, y eso encendió su deseo de acceder a esos libros…

-A ver si habrá que prohibir leer…
Yo no confío mucho en las campañas a favor de la lectura; quizá sería mejor advertir a los jóvenes que, si leen, ¡quedarán malditos para siempre! Cosa que, encima, ¡sería cierta, ja, ja...! “Lee si te atreves… ¡y corre con las consecuencias!”. Algo así, sí. La mejor estrategia para que alguien lea ¡es generarle el deseo de hacerlo!

-Explíqueme cómo generar ese deseo.
“Hoy quiero hablaros de dos libros”, anunciaba un profesor. Los chavales le hacían notar que llevaba tres libros, a lo que él decía: “Ah, no, no, este tercer libro no os conviene, no estáis preparados...”, y lo dejaba a un lado. Al irse, dejaba los tres sobre la mesa y se iba.

-¿Y qué pasaba?
Muchos chavales se lanzaban a curiosear el tercer libro, tomaban nota.. ¡Y muchos lo leían, además de los dos recomendados!

-Había logrado inflamarles el deseo…
Otra amiga, Care Santos, cuenta que cuando sabía que sus hijos iban a apremiarla a hacer algo, ella se ponía a leer: “Esperad, esperad a que acabe esto, ¡no puedo dejarlo ahora…!”, les suplicaba, lo que despertaba en los chavales curiosidad por ese libro.

-El ordeno y mando no sirve, ¿no?
No, aunque de los 7 a los 12 años sí deberíamos inocular ciertas rutinas y disciplinas.

-¿Por ejemplo?
Una hora al día de lectura en voz alta en clase. ¡Educa el oído, el gusto por el texto! Eso en clase.


-¿Y en casa?
Explicarles cuentos, contarles cosas, leerles, cantarles… Lo importante es la lengua, jugar con el lenguaje.

-¿Qué más podríamos hacer en clase?
Aparte de anotar en la pizarra la fecha del día, el profesor podría escribir en ella un verso distinto cada día.

-¿Un solo verso?
Sí. Los chavales no tienen por qué entender su sentido, ¡no importa! Tenemos la manía de que hay que entenderlo todo… Importa la música de las palabras, su indescifrable sentido, su misterio, ¡el embrujo del lenguaje! Y puede que alguno de esos versos, algún día, atrape a alguno de esos niños…

-Entendido. ¿Alguna otra propuesta?
¡Una hora de silencio obligatorio al día, con un libro sobre la mesa! Sin exigir que lean. Unos leerán muchas páginas, otros ninguna. Da igual: lo que importa es propiciar un espacio para la posibilidad de la lectura, imprimir una rutina a favor de esa actividad tan antinatural consistente en estar quieto leyendo. El que no lea ¡aprenderá al menos a estar quieto y callado una hora!

-¿Hacían eso en su escuela de niño?
Sí. Era una hora obligatoria para todos, del director al conserje. Todos en silencio.

-¿Qué le indujo a usted a leer?
Un grupo de compañeros de la escuela nos pasábamos libros, al margen de la escuela. Primero eran novelitas de Leonor del Corral, estilo José Mallorquí, o Doc Savage, El Coyote… y así llegué a Stendhal. Uno de aquellos colegas era Miquel Martí i Pol, que me enseñó a apreciar la poesía.

-¿Deberían los niños leer a los clásicos?
Enseñémosles el canon literario, pero démosles a leer sólo fragmentos de clásicos.

-Sugiera más estímulos para la lectura.
A modo de juego, podemos incitar a los niños a coleccionar palabras extrañas. O a comparar una película de moda con el libro que la haya inspirado. O a inventar finales alternativos a una historia…

-Más.
O a dramatizar un texto. El teatro es un acicate riquísimo, y pasa siempre por la lectura de un texto... Más aún: exige memorizar. ¡Y sin memoria no hay inteligencia!

-¿No?
“La memoria es el marcapasos de la inteligencia”, dice George Steiner. Y durante demasiado tiempo la hemos desacreditado, hemos estado engañando a nuestros niños…

-Gracias por regalarme tan buenas ideas.
Otra: las escuelas tienen muchas paredes vacías: ¿por qué no cubrirlas de frases, como las calles están cubiertas de anuncios?


-Pero siempre habrá gente que no leerá.
Sí, obviamente, pero yo soy optimista: hoy en día ya no hay analfabetos, técnicamente. Así que todo el que quiera leer ¡leerá!


-Bien, pero a alguien a quien le cuestemucho leer... ¿qué le receta, doctor?
Toma un libro, en prosa o verso. Ábrelo. Lee una línea. Ciérralo. Prohibido más: sólo una línea por día, ¡sólo una!


SUGERENCIAS: POST SCRIPTUM
Una vez le pregunté al insigne erudito Roberto Calasso qué podía hacer yo para que mis hijos leyesen: “Señalar un libro con el dedo índice es ya contraproducente”, sentenció. “Sólo deje libros por su casa, aquí y allá…”. Esto desculpabiliza a los padres, pero también desasosiega, ya que querríamos que nuestros hijos fuesen mejores que nosotros.
Por eso son de agradecer las sugerencias de Teixidor en La lectura y la vida (Ariel) / La lectura i la vida (Columna).
Pregunto a Teixidor qué tres libros de su biblioteca prestaría a un adolescente: La isla del tesoro, de Stevenson, la trilogía La materia oscura, de Pullman, y El guardián entre el centeno, de Salinger.
Tengo 74 años. Nací en Roda de Ter y vivo en Barcelona. Soy escritor. Estoy soltero, sin hijos.
¿Creencias religiosas? Prefiero una duda honesta a una falsa piedad. Me gusta nadar.
Emili Teixidor,escritor

9 comentarios:

brujaroja dijo...

Asunto complicado el de inocular el gusto por la lectura. Tengo una hija que cuando descubrió Cien años de soledad (sobre los doce o trece años) me dijo "Pero cómo es posible que no me hayas recomendado esto antes", y un hijo que cuando lo leyó casi nos hace matarnos de la risa con sus interpretaciones, sus comentarios sarcásticos y su resumen final: "Definitivamente, Cien años de soledad está sobrevalorado". Así que mira. Una es lectorísima, el otro lee lo justo. Me imagino que algo hice para que fuera así, pero, al menos aparentemente utilicé las mismas estrategias, adaptándolas al carácter de cada uno...

Ika dijo...

Gracias por tan magnifico post-entrevista-enseñanza

Cecilia Alameda dijo...

Es importante ver que los adultos leen, pero, sin embargo, hay casos que desarmen ese argumento. Saramago no vio un libro hasta que ya tenía diez o doce años, no recuerdo, pero lo ha contado varias veces. Y cuando pillo un libro, ya no dejó la lectura nunca.
En los colegios ahora se les enseña a los niños a leer. Tienen mucha competencia con la tele y los ordenadores y las consolas. Pero hay muchos niños que leen. Y muchos jóvenes que también leen.
Es un placer mayúsculo compartir la lectura con tus hijos.
Y un placer leerles cuentos. Ya lo verás cuando tu niña vaya entendiéndote el lenguaje.
Un saludo

Selma dijo...

Bona tarda Fritus,

Mi gusto por la lectura se inició más o menos en las mismas circunstancias que Carme Riera, con la diferencia de que mi padre no tenía bajo llave la biblioteca y muy astuto él sólo con decirme que hilera de libros no eran los más adecuados para mí, ya sabía que allí precisamente es donde iba a pescar mi lectura, tampoco nada del tipo Marqués de Sade, no vayas a pensar, pero sí toda la Saga Rougon Macquart d'Émile Zola,por ejemplo, y vaya si me aficioné...

Lo "prohibido", siempre nos atrae lo "prohibido"... Seremos...

¿Un beso "permitido"?

RGAlmazán dijo...

Amigo Fritus, no conocía a Teixidor y me ha gustado la entrevista. Nunca se sabe como atinar con los niños. Sin embargo hay consejos que si yo fuera profesor seguiría. Creo, a diferencia de este escritor, que es esencial tener una buena biblioteca y que leas, si es así es mucho más fácil, aunque es verdad que no es seguro, que tus hijos lean.

Por cierto, tengo que comentarte algo, haz el favor de darme tu email en rgarciaalmazan@yahoo.es

Salud y República

Adanero dijo...

Estoy con Cecilia. Ahora en los colegios se les enseña a leer a los niños, cosa que cuando yo lo era no se hacía, y es eficaz la cosa. Por los que tengo cerca compruebo que se despierta en ellos una ilusión por la lectura tremenda. No ven los libros como cosas de mayores y aburridas. Sienten curiosidad por leer y eso les lleva a tener interés por otros temas que tal vez sin la lectura no conocerían. Les enseñan a leer y a descubrir las cosas que leen en los libros. Tal vez no sea una cosa generalizada entre los críos de ahora, pero creo que lo consiguen en un porcentaje alto. Y además hacen de ellos lectores de calidad.

Un saludo.

Euphorbia dijo...

Precisamente, uno de mis primeros libros fue El retaule del flautista d'Emili Teixidor...

Creo que lo de "si tu lees, ellos leen" es muy cierto.

Mi padre, un gran lector, nunca me animó especialmente a leer, recuerdo más veces que decía, este libro no te va a gustar o no lo vas a entender, que veces que me animaba con algo. En cambio, empecé a leer todo lo que pillaba de su librería y aficionándome a la lectura por ver en ello algo normal que se hacía en casa.

La actitud de mi padre no es la que quiero tener con mi hijo y espero encontrar el equilibrio para que le guste leer y no lo vea como una obligación. Creo que será difícil pero habrá que intentarlo.

m.eugènia creus-piqué dijo...

Me ha encantado la entrevista y estoy muy de acuerdo con lo que dice.


petonets

fritus dijo...

Muchas gracias a todos por venir, este gandul se excusa que ayer tuve tarde de día del libro. Es asombroso ver la cantidad de gente interesada por la lectura que hay en Ibiza, me estoy empezando a arrepentir de mi post sobre la saudade....

Bruji: Lamento coincidir con tu chico en que "Cien años de soledad" está sobrevalorado...(ahora viene cuando me van a caer palos de todas partes).

Ika: bienvenida de nuevo a esta tu casa. Todo el mérito es del Sr. Teixidor,.... yo soy un cortapeguista.

Cecilia: Tienes toda la razón..algo parecido a Saramago le pasó a Jack London, que dejó de ser analfabeto y al poco era un autor de éxito..y también es verdad, lo que señalais tanto tú como Adanero, que hay una actividad docente actualmente orientada a la lectura.
Selma: ay, lo prohibido...aunque desde otra perspectiav, probablemente el origen de mi fascinación por la Roma antigua está en los domingos a las tantas de la noche en plena infancia, cuando a oscuras y desde mi cuarto oía los gritos de Calígula y los tartamudeos de Claudio que venían del salón donde los adultos veían la esplendida adaptación(TV) que la BBC hizo del "Yo Claudio" de Graves. Y de ahí a leerlo, un paso.

Don Rafael, estoy con usted enla importancia de la biblioteca, y con Adanero en que hay un porcentaje alto de muchachos lectores,lo veo en mi sobrino y en sus Tokiens y sus harry Potters... y
Euphorpia, ,...a mí en alguna cosilla si que me gustaría parecerme a mi padre..Al menos en esos domingos por la mañana en el Mercat de Sant Antoni, conmigo y con mi hermano, revolviendo en las paradas de libro viejo, como quien busca tesoros .
Geni, guapa, a mi también me encantó la entrevistaun petó